Un mes de Martín Vizcarra

El presidente Martín Vizcarra cumple un mes en el poder. Treinta días, digamos, sin mayores sobresaltos, observado con paciencia y algo de misterio por parte de la ciudadanía y con singular tranquilidad por parte de los diferentes grupos políticos afincados en el Congreso. Es, sin lugar a dudas, una época de matrimonio feliz, donde la luna de miel apacigua cualquier desavenencia y la pipa de la paz torna más llevadero el cotarro político.

Según un sondeo de Ipsos, realizado el pasado 15 de abril, Vizcarra registra un 57% de aprobación en el inicio de su gestión. La encuesta, realizada a 1,289 personas, precisa que el presidente de la República solo tiene un 13% de desaprobación, mientras que un 30% de entrevistados no precisó su posición respecto a ese tema. Es decir, mejor proyección no podría tener, pues se le percibe como un hombre centrado, justo y trabajador.

Pese a la campaña de desprestigio que pretendió hacerle cierto sector del PPKausismo (acusándolo de traidor frente a Kuczynski), sus bonos nunca bajaron. Y es que el sabio silencio y la salomónica distancia que marcó durante la crisis presidencial lo rodearon de un halo de seriedad y manejo político que, a la postre, le ha redundado en esta aceptación inicial del “populorum”, asqueado de tanta mentira y corrupción.

Durante este mes, el presidente Vizcarra nos ha dado una clara visión de lo que quiere realizar en estos tres años que tiene por delante. Se le ve en las calles, viajando a provincias, supervisando obras, preocupándose incluso por detalles que otros mandatarios no habrían siquiera observado (se le vio incluso en el incendio del almacén de llantas en San Martín de Porres), coronando una lúcida participación en la Cumbre de las Américas y conversando con los diferentes grupos políticos a través del presidente del Consejo de Ministros, César Villanueva.

Su interés por lo regional se demostró también al convocar de manera extraordinaria a una reunión de gobernadores regionales, cuyo principal objetivo fue dinamizar diversos proyectos económicos y sociales que aún están pendientes al interior del país. No olvidemos también que en estos cortos 30 días, el presidente Vizcarra ha querido darle un fuerte impulso a la reconstrucción del norte del país, una tarea pendiente que el gobierno de PPK no supo llevar adelante con eficiencia y celeridad.

Quedan todavía tres años y tres meses para que Vizcarra pueda dejar su huella. Una oportunidad histórica que él debe aprovechar para su bien y el de toda la Nación. El Perú espera mucho de él y de los políticos del Congreso. Hay que dejarlo trabajar. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

Por: Martín Valdivia Rodríguez

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